La historia de «Qué Buena Galleta» según lo que leí.
Por: Ing. Alejandro Antelo Saucedo
Cómo “Qué Buena Galleta” pasó de una idea común a una marca con presencia en 20 puntos de venta (y por qué el marketing fue la clave, no solo el producto).
Cuando Franchesca llevó unas galletas caseras a clase, nunca imaginó que ese gesto sencillo desencadenaría una historia de emprendimiento inspiradora.
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En una ciudad con movimiento constante —calles con estudiantes que buscan un snack rápido entre clases, padres recogiendo a sus hijos, y un ritmo comercial que parece no detenerse— nació algo que no era “único en el mundo”: solo unas galletas caseras. Pero sí era relevante para un público específico.

De una clase universitaria a ser parte de la rutina
La historia empieza de forma humilde.
Franchesca estudiaba Administración y horneaba sus primeras galletas en casa, aprovechando las pausas entre estudios y producción. En la universidad, sus compañeros quedaron encantados con su sabor y presentación. Lo que parecía un detalle personal se convirtió en preguntas sobre si podían comprarlas, y luego en pedidos diarios.
El escenario en el que esto ocurre es importante:
un entorno vibrante, competitivo y lleno de opciones, pero donde aún hay nichos que capturan atención si el producto se presenta con identidad y valor añadido.
El mismo producto, otro enfoque
Lo que inicialmente era una actividad espontánea se transformó en algo con potencial real cuando Franchesca se unió con su amiga Fabiana, estudiante de Ingeniería Comercial. Juntas, combinaron talento culinario con estrategia de negocios: Franchesca horneaba, Fabiana organizaba, planificaba y trabajaba en la presencia digital de la marca.
Al principio, las galletas se vendían casualmente entre amigos y compañeros. Con el tiempo, el modelo evolucionó a una estrategia más estructurada:
Identificaron un segmento claro: estudiantes y consumidores jóvenes con gusto por productos artesanales.
Ajustaron la identidad visual y de marca para que fuera fresca, juvenil y fácil de recordar.
Usaron redes sociales como canal principal para lograr visibilidad e interacción directa con su público.
Este no fue un cambio de producto, sino de mensajes y posicionamiento: no solo vendían galletas… ofrecían una experiencia que resonaba con los hábitos y deseos de su audiencia.
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El impacto del entorno local
La dinámica del mercado donde se movían —con cafés, puntos de snack y tiendas cercanas a universidades y barrios residenciales— hizo que la estrategia de marketing fuera aún más poderosa. No competían por precio, sino por conexión emocional y conveniencia: un producto artesanal, cercano, identificado con el estilo de vida de sus clientes.
Además, la organización familiar (con apoyo en tareas operativas y distribución) fue clave para superar desafíos logísticos y mantener un ritmo constante de producción y entrega sin perder calidad.
Expansión estratégica sin perder esencia
En menos de dos años, “Qué Buena Galleta” pasó de ser un proyecto casero a estar presente en casi 20 puntos físicos dentro de su ciudad —incluyendo zonas estudiantiles, snacks y tiendas locales—, sin inversiones extraordinarias, pero con una estrategia de marketing clara y una imagen de marca coherente.
Este crecimiento no fue casual. Fue el resultado de una visión:
Definir el público objetivo correctamente,
Ajustar el mensaje para ese público,
Y comunicarlo con coherencia a través de canales efectivos (especialmente redes).
La enseñanza que deja este caso
Muchas veces creemos que un producto “no funciona” porque no vende. Pero no es el producto; es la historia que nadie entiende o no conecta con el cliente.
La historia de Franchesca y Fabiana muestra que:
Un buen producto puede ser común, pero el mensaje que lo rodea es lo que crea conexión.
El marketing no es publicidad, es estrategia y posicionamiento.
Un negocio puede crecer con recursos modestos si se comunica con claridad y autenticidad.
No siempre tienes que reinventar el producto… a veces solo necesitas reinventar la forma de contar su valor.
Reflexión final
Si hoy sientes que tu negocio no despega, antes de pensar en cambiar tu producto, pregúntate:
¿Mi mensaje está alineado con las necesidades de mi cliente ideal?
¿Hablo de soluciones o solo de características?
¿Estoy usando los canales adecuados para llegar a mi audiencia?
La respuesta a estas preguntas puede ser el inicio de una transformación real en tu emprendimiento.
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La historia original la leí en el periódico El Deber.
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